
Un tropezón no es caída
Marianela pudo comprobar que la milenaria sabiduría popular nunca falla. Al menos cinco veces la tucumana de cuerpo inquietante trastabilló en la pasarela y estuvo a punto de caer. Pero la experiencia le permitió manejar la dificultad y terminó por ganarse la complicidad y la sonrisa benevolente del público. El desfile duró poco más de una hora y media y tuvo una convocatoria masiva. A modo de cierre y sin bajar nunca los decibeles, Pitra salió revoleando la remera y regaló al público alfajores, alfeñiques y otros dulces tradicionales. A cambio, se llevó los suspiros y los piropos de los tucumanos.
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